Tras mi ultima entrada de Bitácora De Vuelo, llamada La Morcicueva inmediatamente inherente viene esta, ya que no habia Morcicueva sin Chachafruto, y las pocas veces que lo hubo fue maravilloso, no obstante las historias que deja el Chachafruto son dignas de recordar y preservar en la memoria, con la firma idea de no tener que repetirlas.
A decir verdad antes de realizar aquellas expediciones a las inmediaciones del JoseMa para mi un chachafruto era algo bastante abstracto que solo habia oido mencionar, con una famosa frase que se mantiene incolme en la cultura y en el tiempo que reza: me importa un Chachafruto! habitualmente usada para indicar que no me importa; sin embargo un chachafruto es un fruto oriundo de este continente y con este se preparan una infinidad de cosas, primando las que son dulces.
Y adicionalmente el Chachafruto sera una empresa de transporte que opera buses entre la ciudad de Medellín y el Municipio de Rionegro en el que se encuentra el internacional aeropuerto, su principal particularidad radicaba en que este realizada su recorrido a travez de una via que es un tanto inclinada y zig-zagueante; existian otros medios de llegar al JoseMa pero por reducir costos durante las expediciones se optaba por viajar por este medio, que era el mas favorable respecto de las demas opciones presentes en la ciudad.
El Chachafruto eran buses viejos habitualmente de color verde, para ser mas exactos un verde con cara de nada, o extraordinariamente eran de color rojo y azul, partian desde una de las terminales de transporte de la ciudad, y una vez el conductor encendia su antigua pero aparentemente confiable maquina, y te encontrabas a bordo, solo quedaba disfrutar del dispendioso viaje, dicho recorrido puede llegar a tardar 1 hora sin detenerse, sin embargo esa era una de sus principales caracteristicas el estarse deteniendo, no propiamente por problemas mecanicos, si no porque recogia pasajeros durante el trayecto hasta completar su cupo, la primera vez crei que todo seria felicidad y velocidad constante cuando vi todas las bancas del bus ocupadas, sin embargo solo aqui comienza lo realmente interesante, durante este inclinado trayecto abordaban todo tipo de personas con infinidad de cosas, que hasta comprendian animales(exactamente pollos), el ascenso a Rionegro visitaba un pequeño corregimiento campesino que merece por nombre Santa Elena, por lo que en el trayecto muchos de los ocupantes eran personas que se dirigian hacia alli.
Finalmente tenemos un bus abarrotado de gente y algunos animales, muchos de ellos campesinos, otras personas de la zona, algunos trabajadores, y unos jovenes que ocupan algunas de las presiadas bancas por estar abordo desde el principio del recorrido, todo esto generaba un calor intenso en el bus, que generaba en el ambiente ese olor a gente, a pueblo, producto del plan de refrigeracion del cuerpo que consiste en sudar, finalmente desembarcabamos el Chacha como se le decia de cariño (a excepcion de mi) con destino a bordear el JoseMa que prometia deleitarnos con aterrizajes y despegues sobre la marcada pista.
Si bien durante el recorrido de ida a Rionegro gozabamos de varios privilegios, el regreso a Medellín siempre estuvo marcado por ser todo un caos, ya que cogiamos el bus bastante tarde, habitualmente el ultimo en bajar a la ciudad, nos tocaba viajar de pie en aquel ineludible espacio que esta destinado para bajar del bus, si aquel lugar que esta acompañado por las escalinatas para bajar del mismo, y que el conductor con voz fuerte avisa que cerrara la puerta, para que uno se acomode y procure no ser golpeado por la misma, aunque una vez cerrada la puerta existia relativa comodidad, viajabamos de pie en aquel casi reservado lugar.
En 2 oportunidades el Chacha tuvo la osadia de romper su eje de transmision y ponernos a sudar frio en el ya frio Oriente Antioqueño, recuerdo que todos bajamos del bus con una cara de cuasi frustacion, cuando el conductor nos informaba que ese era el ultimo bus y que no habia mas en Rionegro, que tocaba esperar que subiera uno de Medellin por nosotros, sin embargo en algo menos de 1 hora estabamos nuevamente en nuestro reservado lugar bajando hacia Medellin.
El Chachafruto es una de aquellas cosas que recuerdo con distante cariño, siempre estuvo a nuestro servicio, con su innefable olor de pueblo, sus marcados colores y su lerdes para llevarnos a destino.
Gabriel Madrid
(Dedicado para: Juan Estrada por su amor, fe y confianza en el Chacha, de no ser por ti, jamas hubieramos divertidamente conocido y sufrido tanto aquellos viajes al amado JoseMa)
(Publicado originalmente el 20/03/2013)
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